Gestión del estrés: obstáculos y herramientas base

Ciudad vista desde arriba

Muchas personas que llevan tiempo trabajando en sus niveles de estrés experimentan dificultades a la hora de obtener los resultados que esperan y lograr el avance que necesitan para reconquistar su salud y vivir en calma.

Por muchas herramientas que conocen para la gestión del estrés, nada parece producir cambios definitivos y, antes o después, vuelven a la situación inicial.

Parte de mi trabajo consiste en poner a disposición de las personas materiales, escritos, ejercicios y reflexiones que permitan profundizar en ello y mejorarlo. Sin embargo, soy consciente de que, en muchas ocasiones, no funciona.

Y no funciona porque una cosa es apuntarte al gimnasio y otra cosa es ir.

Una cosa es elegir el camino consciente, el camino que lleva a la libertad en todos los sentidos, y otra cosa es elegirlo cada día, cuando la cosa se pone incómoda.

Una cosa es aprender sobre estrés y otra cosa es aplicarlo en el día a día.

¿Y qué ocurre cuando intentamos constantemente gestionar el estrés y no lo conseguimos?

Que el estrés aumenta a medida que crees que sabes regularlo y no lo logras.

Que te produce más ansiedad, tratar de anticiparte a la situación para evitar la ansiedad.

Que el estado emocional es aún más incómodo cuando te exiges controlarlo.

Que, como imaginarás, saber toda la teoría no te garantiza saber manejarlo en la práctica.

Y la razón es que no es lo mismo saber que saber hacer.

La distancia entre saber y hacer.  

Conocer las herramientas y técnicas es solo el primer paso en el camino hacia la gestión efectiva del estrés.

El origen de la brecha entre el saber y el hacer está en tu mayor o menor capacidad para implementar el conocimiento en tu día a día.

La teoría se vuelve ineficaz si no se convierte en práctica –lo antes posible-, así que es fundamental que tengas un plan de acción a la vez que vas descubriendo herramientas útiles para ti.

Obstáculos internos y externos.

Existen obstáculos que pueden impedirte la aplicación exitosa del conocimiento que vas adquiriendo, obstáculos contra los que tu yo actual, con las habilidades y capacidades actuales, no puede y que son una señal clara y bondadosa de que necesitas tomarte en serio el trabajo.

  • Internamente: tus propios miedos, inseguridades y resistencias pueden sabotear tus intentos de implementar nuevas prácticas.
  • Externamente: las demandas de la vida moderna, las responsabilidades y el tiempo limitado pueden dificultar la dedicación de tiempo y energía a las prácticas de reducción del estrés.

La responsabilidad es tuya.

Es interesante que, por muchas vueltas que le demos a esto, la responsabilidad siempre es del individuo que quiere el cambio. Eres el agente responsable de darte cuenta de que necesitas cambiar, que para ello necesitas aprender, que para ello necesitas invertir, que para ello necesitas abrir espacios…

Y nada de ello depende de la suerte, de la magia o del destino. Si hay miedos, inseguridad o resistencias, o tu rutina no te permite trabajar en tus niveles de estrés con éxito, ¿quién debe dar el paso para vencer todo esto?

Barrita de incienso

La Complejidad de la Naturaleza Humana.

La naturaleza humana es intrincada y diversa. Lo que funciona para una persona puede no ser efectivo para otra debido a diferencias en la personalidad, las experiencias de vida y la forma en que cada individuo percibe y procesa el estrés.

En este sentido, como sabemos, necesitamos un camino 100% personalizado: bien acompañándote de un profesional que te guíe, bien “traduciendo” todo lo que aprendes para que sea aplicable a ti.

Sin duda, la vía más adecuada es la que incluye ambos caminos: el proceso de ayuda y la profundización personal.

Ten en encuenta, además, que, las personas cambiamos constantemente, incluso algo que te funcionaba hace seis meses puede no tener sentido ahora. Por eso necesitas un trabajo enfocado que se adapte a tus necesidades y circunstancias, y debes permanecer abierta a la exploración y la adaptación.

Más allá de saber está comprender.

Trascender la mera adquisición del conocimiento implica una sabiduría basada en la comprensión profunda de nosotras mismas y la autenticidad de nuestras acciones.

Consciencia plena sobre ti misma.

Necesitas no solo saber cómo se hace algo, sino tener la capacidad de reconocer tus emociones, pensamientos y patrones de conducta “sobre la marcha”.

Sin autoconsciencia, podrías caer en la aplicación de técnicas que no solucionan tu problema –como cuando intentas mejorar tu vida  con herramientas de gestión del tiempo cuando la gestión del tiempo no es el problema- y caer en la trampa de creer que eres tú la que está mal, en lugar de ver con claridad que lo que no encaja es la vía.

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Autenticidad en el hacer.

Aplicar las estrategias de gestión del estrés de manera auténtica implica elegir lo que resuena con tu esencia y vivirlo de manera genuina. No se trata solo de seguir métodos, sino de integrarlos en tu ser y permitir que guíen tus acciones en un nivel más profundo.

Esto habla de hacer que el trabajo interno forme parte de ti misma y no sean únicamente parches que le pones al presente para poder vivir con algo más de comodidad.

Para ello, el trabajo de autoconocimiento es imprescindible, pues no puedes actuar desde la autenticidad, si no sabes quién eres realmente y qué camino es el más adecuado para ti.

En resumen…

Reducir el estrés va más allá de tener el conocimiento y las herramientas adecuadas, por eso no siempre lo logras, pese a haber leído los mejores libros o haber escuchado los mejores podcast.

Necesitas una profunda comprensión de ti misma y autenticidad en tu búsqueda de paz interior.

Recuerda que somos seres complejos, diferentes y únicos.

Cada persona necesita ubicarse en su propio camino consciente, entender su historia y trazar su viaje hacia la gestión del estrés –viviendo el camino y no enfocándose únicamente en el lugar de destino-.

Abrazar el presente sin condiciones y hacer las paces con lo que es te puede ayudar a reducir la brecha entre lo que sabes que hay que hacer y lo que sabes hacer realmente.

Finalmente, enfócate en lo que sí puedes hacer, pues todo conocimiento requiere práctica y la práctica requiere motivación –que no aparecerá si te enfocas únicamente en lo que no tienes o no sabes hacer.

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