The Eighteen Ities: Serenidad

¿Qué es la serenidad?

Tanto en el Colegio como en la Universidad mantuve la costumbre de empezar los trabajos con la definición de la palabra principal que compusiera el tema que me habían pedido desarrollar, de tal manera que, por ejemplo, si debía hablar del matrimonio, comenzaba con una definición de éste. También recuerdo haber comenzado así en los trabajos que hice sobre el amor (platónico), la familia y algunos otros.

Pues bien, siguiendo con esta costumbre que no pienso abandonar por el momento, abordemos el concepto de serenidad desde su definición de la RAE: claro, en primer lugar, apacible, sosegado, sin turbación física o moral, en segundo lugar. Siendo que claro es algo despejado, apacible viene a ser el buen temple, lo tranquilo y lo agradable; sosegado se le llama a lo tranquilo o a lo pacífico naturalmente o por su genio; y, por último, entendiendo por turbación  la confusión, el desorden y el desconcierto, es sereno aquello que carece de estas tres cosas.

El ejercicio de permanecer sereno, entonces, conlleva trabajar el buen temple para permanecer tranquilo y pacífico en situaciones donde la confusión, el desorden y el desconcierto podrían reinar, bien por factores externos, como puede ser una discusión, una mala noticia, una tormenta inoportuna, etc, o por factores internos como son por ejemplo, ansiedad por el futuro, rumiación de pensamientos o hechos pasados, ira, celos, tristeza intensa y un largo etcétera (mucho más largo que el de los factores externos).

Bien. Con esto podemos tener una idea de en qué consiste el trabajo de este primer Itie.

Y antes de continuar, detengámonos en eso de “pacífico naturalmente o por su genio”. Todas las personas tenemos la capacidad de actuar con serenidad, es una cualidad que habita en nosotros y que nosotros, dependiendo de algunas cuestiones, podemos emplear con una mayor o menor facilidad. Entre estas cuestiones encontramos el hecho de haber crecido bajo la influencia de personas habitualmente serenas, que hayamos experimentado o no las ventajas de la serenidad o que hayamos tenido la necesidad de trabajar la serenidad por uno u otro motivo, por ejemplo.

La realidad es que, mientras el mar vuelve a la serenidad de forma natural, nosotros debemos esforzarnos por ello, al menos hasta que tenemos esta cualidad tan arraigada, con tantas raices en nosotros, que florece naturalmente cuando la situación lo requiere.

¿En qué momento debemos trabajar la serenidad?

Cuando uno se propone trabajar los 18 Ities debe asumir que no permanecerá las 24 horas del día todos los días del mes recordando que está trabajando tal o cual cualidad. Esto se olvida. Surge la necesidad de recordarlo en momentos muy puntuales: aquellos en los que se hace necesaria la cualidad para que la persona permanezca lo más cercana a la divinidad posible (hablo de divinidad, pero en la realidad en nuestro día a día hablaríamos de perfección).

Recordemos que el trabajo de las 18 cualidades busca que, llegado el momento, esas cualidades sean innatas en nosotros mismos, surjan involuntariamente en el momento en que se necesiten o permanezcan florecidas y en su máximo esplendor la mayor parte del tiempo posible (pongamos como ejemplo aquí la regularidad).

De este modo comprenderemos que no es casual el hecho de que nuestro entrenamiento en serenidad se dará en situaciones dónde la serenidad permanece ausente y es necesaria para la aceptación y el flow en nuestra vida (es algo muy lógico, pero tenía que decirlo expresamente).

Apuntado todo esto, ¿en qué momento debemos acordarnos de la serenidad? En los atascos, cuando los niños tienen un mal día, cuando una señora se cuela en la frutería, en el momento en que empieza a llover y tu vas en moto o no tienes paraguas (y esto te representa un problema), cuando discutes con tu pareja y cuando tu jefe te habla mal. Pero no sólo aquí, también cuando te sientas muy triste y perdido, cuando te veas en la obligación de hacer algo para lo que hoy ya no te quedan fuerzas, cuando estés esperando la respuesta de alguien que no aparece, cuando un ser querido entra en quirófano o cuando te dan una buenísima noticia.

Vemos que la serenidad es una excelente cualidad que poseer para apaciguar nuestra energía o nuestro pulso en todo tipo de situaciones: enfados, impaciencia, ansiedad, tristeza o desesperación, etc.

En este mes en que la trabajamos, puede haber momentos en los que actuamos de forma serena naturalmente, quizás porque ya en algún momento habíamos aprendido los beneficios de permanecer sereno en esa situación y, sin embargo, en otro de los ejemplos debemos recordar expresamente “oye, este mes me tocaba la serenidad”, y decir en voz alta “SERENIDAD”, y automáticamente respirar profunda y lentamente hasta serenarnos.

Unas veces serà muy fácil encontrar la serenidad y otras será complicado o incluso imposible. Es importante que te preparaes para la segunda situación, para fallar, y te permitas caer y aprender. Extraerás mejores y más eficaces lecciones de las veces que falles que de aquellas ocasiones en las que la serenidad surja de manera natural, de manera que, en los momentos más difíciles, siempre podrás agradecer la oportunidad de ensayar tu serenidad.

¿Qué conlleva la serenidad en esos momentos?

Permanecer tranquilo y atento en momentos de ansiedad, estrés, enfado o tristeza, merma la capacidad de la situación para dañarnos física o mentalmente. Digamos que el don de mantener el ritmo cardiaco estable, pese a las emociones que vienen y van, no sólo resulta positivo para nuestro organismo, sino que podemos ahorrar mucha energía (vital). Piensa en toda la energía que tu cuerpo puede consumir por enfadarte y, posteriormente, toda la energía que debes consumir para calmarte de nuevo.

Los beneficios de permanecer sereno son físicos y mentales, sin mucha ciencia puedo decirte que se siente como la serenidad inunda todo el ser y apacigua las aguas, trae calma, comprensión, compasión y aceptación.

La serenidad nos ayuda a encontrar soluciones de forma más rápida y quizás más certeras, precisamente por su virtud de convertirnos en espectadores de la situación y no en víctimas de ella. La tranquilidad nos saca completamente de la foto, nos desconcierta incluso a nosotros mismos, “un momento, debería estar enfadada, pero en lugar de eso estoy escuchando lo que mi marido/jefa/amiga/etc están diciendo, déjame prestar atención a ver si encuentro una solución que nos saque de esta situación”. ¡Rara vez actuamos así si no hemos entrenado previamente! Trabajar la serenidad nos puede llevar a situaciones tan conscientes y tan bellas que, cuando las vivamos, no podremos creerlo.

El trabajo que los Dieciocho Ities proponen, no es fácil, pero los resultados que promete son literalmente divinos.

Mi experiencia.

El trabajo de los dieciocho ities para mí comenzó el 1 de enero de este año, por orden, debía comenzar con la serenidad y, a día de hoy, me siento agradecida de que esta propuesta de trabajo llegara hasta mí, de que decidiese lanzarme a por ello y de que la serenidad sea la primera cualidad a trabajar.

Los primeros días de enero tuve que recordar en varias ocasiones que mi trabajo de este mes era la serenidad, alguna mala noticia, la salud de una de mis abuelas y el trabajo, entre algunas otras cosas, requirieron lo mejor de mí para recordar cuál era mi objetivo. A día de hoy me siento orgullosa de haber recordado en cada momento que me encontraba trabajando la serenidad y haber sentido una predisposición automática para echar mano de esta cualidad en esos momentos de cierta tensión.

Encontré en la serenidad una cualidad útil para resolver los problemas desde la calma y la empatía, me encontré a disposición de comprenderme, entender en qué situación me encontraba y por qué me sentía de una u otra manera; pero también encontré compasión y mucha, y muy bonita, energía para comprender a los demás, ponerme en su situación y entender que nada de cuanto ocurre va conmigo, sólo ocurre y yo estoy aquí para ser testigo de ello.

Por supuesto, no en todas las ocasiones la serenidad me encontró tan fácilmente, incluso recuerdo una anécdota en la que me escondí, me escabullí y decidí conscientemente pasar por completo de la serenidad dejándome llevar por el enfado pues, más allá de los motivos, me apetecía estar enfadada.

Otra de las cosas que he aprendido con mi trabajo este mes ha sido que yo ya era una persona serena, cosa que me ha sorprendido y alegrado a partes iguales. A veces tenemos ideas preconcebidas de nosotros mismos, creencias que tenemos y que a saber de dónde vienen, pero que nos limitan de una forma inimaginable. Me viene a la mente el ejemplo de la persona que se cree vaga, bien porque se lo decían en el colegio o en casa, pero la realidad es que está tan segura de que es una persona vaga, que cuando tiene que hacer algún esfuerzo piensa “puf, con lo vago que soy yo, ¿cómo me voy a poner a hacer esto ahora?”, y de se modo alimenta su creencia de que es vago siendo más y más vago cada día.

Yo nunca me he considerado una persona serena, quizás porque considero que estoy aun cerca de la adolescencia y la adolescencia es de todo menos una etapa serena. La realidad es que trabajando la serenidad y comprobando la casi inexistente dificultad que he encontrado para permanecer serena pese a las adversidades, he aprendido que algunas características con las que yo solía definirme están, simplemente, obsoletas. Yo solía decir, tengo mal carácter, poca paciencia, soy una persona visceral, etc. Y es posible que en algún momento de mi vida, yo y cualquiera que lea esto, lo haya sido, pero definitivamente conviene revisar cuáles de los adjetivos que siempre nos han definido, nos siguen definiendo hoy.

El trabajo de la serenidad ha sido una linda y sencilla tarea para mí, quizás porque la serenidad ya estaba muy presente en mí antes o porque he sabido ver sus beneficios desde el primer momento o, por qué no, porque no cuesta absolutamente nada permanecer sereno, no hay que hacer nada, más bien hay que no hacer (así lo he experimentado yo). No sé por qué, pero sí se que a las dos semanas de tener que recordar la serenidad en esos momentos de cierta dificultad, el trabajo dejó de ser consciente y pasó a ser inconsciente. El resto del tiempo hasta el día de hoy ha sido la serenidad la que ha gobernado cada situación, ha aparecido cuando se la necesitaba y se ha retirado a descansar en los momentos naturalmente serenos.

Sin embargo, si te decides a trabajar estas dieciocho cualidades del ser, te invito a que dejes a un lado tus espectativas. Ninguno de nosotros funciona igual que los demás, la serenidad ha sido para mí una cualidad sencilla de trabajar, pero puede no serlo para ti, así como puede ser la regularidad, segunda cualidad a trabajar, una pésima tarea para mí.

Para terminar…

Como podrás imaginar no quiero despedirme en este artículo sin invitarte a leer el post del Método SWAN, dónde hablaba de los Eighteen Ities y, sabiendo ahora de qué trata y cómo es el día a día de alguien que los trabaja, quizás sientas más animo para lanzarte a por ellos y que este mes de febrero de 2016 sea tu mes de la serenidad.

Para mí la serenidad ha resultado ser una preciada cualidad que nos aporta la calma necesaria para pensar con claridad o la sabiduría que requiere aceptar la realidad sin oposición.

Siente mi más profundo apoyo tanto si deseas lanzarte a la experimentación de Los Dieciocho Ities de Swami Sivananda, como si consideras que todavía no es el momento. Agradecida quedo de antemano por tus comentarios, mensajes o emails con tus apreciaciones sobre este larguísimo ejercicio de año y medio.

Aprovecho para agradecer tu tiempo y tu compañía en esta #spiritualmoodtribe

Namaste.

2 Replies to “The Eighteen Ities: Serenidad”

  1. Excelente, desde hoy decidi comenzar a poner en practica cada uno de estos 18 ities. Muchas gracias por compartir con nosotros tus aprendizajes en este taller.

    1. Spiritual Mood Spiritual Mood dice:

      ¡Hola Katherine! No sabes cuánto me alegra leerte, es un trabajo magnífico, de verdad que sí. Sea cual sea la intensidad y dedicación con las que lo trabajes, el trabajo sin duda se notará. Muchísima paz y ¡feliz día!

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