The Eighteen Ities: Regularidad.

El trabajo de los Dieciocho Ities pudiera parecer lento y pesado, pero muy al contrario de su apariencia, en la práctica resulta entretenido e, incluso, divertido. Conocerse y comprobar que absolutamente nada en esta vida es lo que parece tiene sus ventajas.

Quizás mi forma de hacer este ejercicio no está siendo la más cuidadosa posible, algunas personas hablan de poner post it por la casa o guardar notas en el monedero que nos recuerden qué cualidad estamos trabajando, pero yo no he encontrado atractivas ninguna de esas dos propuestas, simplemente me dejo llevar a lo largo de mis días y compruebo de vez en cuando si estoy actuando conforme a la cualidad que me toca o no. Si lo estoy haciendo, sonrío, y si no lo estoy haciendo pienso de qué forma podría mejorar. Eso es todo.

Si leíste en su momento mi artículo sobre la serenidad, primer Itie a trabajar, sabrás que me fue realmente bien y que quedé encantada con mi trabajo porque resultó ser que yo ya era una mujer serena, pero que, sin embargo, tenía mis dudas acerca de la regularidad y, bueno, mis sospechas se hicieron realidad: ¡de regular no tengo ni la R!

¿Qué supone ser una persona regular?

Empezando la casa por sus bases, hablemos de lo que es la regularidad. Algo regular es algo que responde a una pauta sin grandes variaciones, podría decirse de una persona que es ajustada, medida y arreglada en las acciones o modo de vivir (DRAE), de manera que trabajar la regularidad consiste en fijar una rutina válida en nuestra vida y seguirla.

¿Parece sencillísimo verdad? Bueno, pues no me lo ha resultado en lo absoluto.

Resulta ser que la regularidad implica levantarse todos los días a una hora similar y, lo que es más difícil, acostarse todos los días a una hora similar. Trabajar con horarios regulares, comer a horas similares, seguir las costumbres habituales con regularidad, etc. Hace poco escribía acerca de la necesidad de trabajar la regularidad con el objetivo de llevar una slow life y, ciertamente, resulta muy conveniente y muy beneficioso para adoptar todos los hábitos que la slow life requiere, sin embargo, después de intentarlo durante todo un mes puedo decir que, si no eres una persona regular, no te va a resultar sencillo serlo.

Voy a empezar a dividir el mundo en dos tipos de personas: las que son regulares y las que no. Mi padre, por ejemplo, es una persona increíblemente regular, lleva toda la vida despertándose religiosamente a las 6.00 a.m. y acostándose a las 23.30 p.m. ¡Pero no solo eso! Los fines de semana madruga y hace algo productivo, le gusta ir con regularidad a clases de lo que sea y tiene una rigurosidad pasmosa en cuanto al tema de los plazos, jurista al fin y al cabo.

Por el contrario, y aquí me pongo como ejemplo porque he resultado ser el ejemplo perfecto de irregularidad, lo único que hago regular es levantarme a las 6.30 a.m cada día de lunes a viernes e ir a mis clases de yoga dos veces en semana. ¡Todo lo demás lo hago con una irregularidad que ni yo misma me lo creo! Cada día me acuesto a una hora distinta, trabajo distinto número de horas, como a horas distintas, distintas cantidades y ni qué decir tiene que cuando llega el fin de semana fácilmente puedo dormir doce horas y despertarme sin saber dónde estoy o qué día es. Confesión al más puro estilo spiritual woman.

De mis conclusiones al respecto de este desastre de vida hablaremos en el último punto.

¿Cómo y cuando se trabaja la regularidad?

Al contrario de lo que ocurría con la serenidad, que se trataba de controlar impulsos y emociones, la regularidad resulta increíblemente sencilla de programar y llevar a cabo.

[Sí, ¡voy a hacer como que yo he logrado ser regular! Pero es que si yo no lo hago así, tú no te animas a intentarlo.]

Puedes sentarte un día y revisar tus rutinas diarias, eliminar aquellas tareas de las que puedes prescindir y reafirmar los horarios de las que no puedas evitar, o que realmente quieres hacer cada día. Si de lunes a viernes te levantas a las 7.00 puedes programar acostarte a las 00.00 como muy tarde. Fijar las 22.00 como hora de la cena, trabajar tus ocho o nueve horas, o las que te toque echar (dejemos las utopías fuera de este post), no saltarte las comidas, establecer unos días para hacer limpieza en casa, otro día para hacer la compra, etc. Y una vez planeada tu vida semanal ¡solo tienes que cumplirlo!

Si se te da bien la regularidad de forma natural o eres una persona disciplinada, estoy segura de que comprobarás lo sencillo que es hacerlo, yo todavía no entiendo por qué me cuesta tanto. La mayoría de las personas con las que converso sobre el tema me confiesan que no se consideran regulares, pero cuando revisamos su rutina semanal, resulta que lo son ¡y mucho! Y esto lleva una serie de ventajas como a aprovechar mejor el tiempo, ahorrar dinero, tomar consciencia del tiempo de ocio, comer mejor, y un largo etcétera.

Siendo regulares nuestro cuerpo y mente se acostumbra a lo que le damos, a dormir las horas que podemos dormir, a comer a las horas que podemos comer, a ir al baño cuando conviene, etc. Del mismo modo la mente se puede volver más productiva en las horas que la necesitamos y descansar con mayor facilidad en las horas que no.

Mi regularidad y yo.

Esa relación inexistente, podría subtitularlo.

Llevo una temporada, unos dos años, pensando que llevo una vida rutinaria y tranquila. Me considero una persona inmensamente feliz dentro del vaivén de la vida, pero la rutina nunca me ha hecho demasiada gracia. Siempre he creído que vivía inmersa en una rutina, como un día de la marmota que se repite una y otra vez, y que dentro de la desgracia que todos entendemos por rutina, a mi se me estaba concediendo la dicha de encontrar la felicidad en las pequeñas y grandes cosas que el universo me ofrece.

Sin embargo, trabajando la regularidad me he dado cuenta de que no hay rutina alguna en mi vida, al menos no en este momento y, ciertamente, pese a que siento felicidad siendo así y pienso que mi vida es perfecta tal como es, he de reconocer que sí me gustaría tener cierta rutina en según que aspectos.

La falta de regularidad me está impidiendo, por ejemplo, hacer mi práctica de yoga por la mañana, cosa que me había propuesto. O me dificulta, otro ejemplo más, tener horarios y momentos para leer, lo cual me fascinaría.

Finalmente.

Quiero invitarte de nuevo, creo que lo hago en cada artículo, a dejar tus comentarios con tus ideas, dudas o apreciaciones. También me encantaría que te animases a trabajar los Dieciocho Ities como yo lo estoy haciendo, siento que me está ayudando a conocerme más y a saber cosas de mí que quizás no sabía, o no había podido ver. Más allá de la teoría, el trabajo personal en este ejercicio, me está llevando a conocer las dificultades que pueden experimentarse en las distintas situaciones que cada persona puede tener, lo cual, profesionalmente, me resulta una ventaja maravillosa.

¡Gracias por tu tiempo y hasta el próximo artículo!

2 Replies to “The Eighteen Ities: Regularidad.”

  1. El ser humano es contraditorio de por si. En parte odiamos la rutina, pero cuando llevamos mucho de vacaciones la echamos de menos, ciertamente creo si debemos tener una minima rutina para ser productivos pero tambien sentir que hay momentos sin nada programado, para dejarte fluir. Como siempre la clave es el equilibrio.

    1. Spiritual Mood Spiritual Mood dice:

      ¡Totalmente de acuerdo en todo!

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