La Navidad y sus sentimientos encontrados

Sí, las fechas son intensas. ¿Para qué te voy a decir que no si es que sí? Son intensas en general, nos apetece trabajar menos, pero como nuestros compañeros de trabajo se van de vacaciones, nos toca trabajar más; nos apetece quedarnos en casa porque el tiempo no acompaña, pero tenemos que salir; sabemos que en enero no vamos a tener dinero, pero tenemos que gastar; y un largo etcétera de aspectos que son de una forma, pero podrían o tendrían que estar siendo de otra.

Se respira intensidad sí.

Cenas y comidas por doquier, con personas que nos caen bien, personas que nos caen mal y personas que, directamente, no soportamos. Nos acostamos más tarde, pero el despertador suena a la misma hora. Abusamos de la comida y de la alcohol, pero nuestro cuerpo sigue necesitando agua y nutrientes. Nos volvemos locos comprando cosas, pero en nuestros cajones ya no cabe nada más y, lo que es peor, tenemos que ser agradables con todos, aparentar estar felices y abrirnos al mundo, cuando el invierno es una época de recogimiento y reflexión.

¿Recuerdas cuando hablé de que el otoño es época de soltar? Bueno, pues el invierno es época de reflexionar.

Voy a tratar de alejarme de conceptos vagos y metáforas complicadas, y de la explicación de cómo un arbol echa hojas en primavera para que absorvan sol en verano y luego las suelta en otoño, cuando sabe que no las va a necesitar; porque, seré honesta conmigo misma, no todo el mundo conecta con este tipo de reflexiones y creo que hay formas más efectivas de dar la misma explicación.

Más del 70% de los lectores de este blog viven en España, un hermoso país donde las estaciones son acusadas (y si vives en Madrid donde en verano vivimos a 42º y en invierno a 5º, ni te cuento), lo cual quiere decir que sabemos qué sensaciones trae la llegada de la primavera y el verano, y qué sensaciones comenzamos a experimentar en otoño y a lo largo del invierno.

El campo se trabaja en primavera y verano, en invierno el animal humano ya debe tener guardadas las reservas de sus cosechas, para pasarlo lo mejor posible al calor del fuego. Esto quiere decir que no se expondrá innecesariamente al frío, no gastará calorías en ello y tratará de sobrevivir a la temporada con lo que le haya quedado de las estaciones cálidas. ¿No me digas que no estudiaste esto en el colegio?

Claro, si vives en un país tropical donde los mangos abundan todo el año, pues no sabes de qué te estoy hablando. Pero en los países con estaciones, sabemos muy bien lo que es tener que trabajar doble en verano, para poder comer a lo largo del invierno. A todas estas, ¿te has preguntado alguna vez porque Canadá y los países del norte de Europa tienen una economía más avanzada y estable? Pregúntatelo.

Lo dicho, supongamos que todos los que vamos a leer este post vivimos con estaciones y conocemos las sensaciones que nos trae cada una. Y ahora, aquí viene la cuestión: ¿por qué nos empeñamos en hacer de Diciembre un mes sociable, alegre y divertido, cuando en realidad es el mes en el que llega el invierno, con su frío, su reflexión y su letargo? ¿Soy la única que se pregunta por qué tengo que tener siete millones de cenas con todo el mundo, cuando mi cuerpo me está pidiendo una manta, un libro y un sofá? ¿Por qué no hacemos las cenas de Navidad en verano, cuando todo el mundo quiere salir porque a las 22.00 todavía es de día?

Sí, lo sé. Jesús nació en esta época y no podemos pasar la Natividad a julio. Ok. ¿Pero en serio es la Navidad la que nos corrompe, y obliga a hacer cosas que no queremos hacer, o somos nosotros los que hemos corrompido la Navidad? ¡Pero es que la Navidad es para estar en familia! ¿Sería menos Navidad si nos dedicasemos a estar en familia, sin mucho folclore, comida justa y normal, y menos regalos? ¿Sería menos cena de empresa si se hiciera en mayo? ¿Seríamos menos felices sin compraramos menos? ¿Querríamos menos a nuestros amigos si quedásemos con ellos en septiembre?

En este preciso instante he mirado por la ventana y, al ver la niebla, he recordado que también son fechas de oscuridad y tristeza. De necesidad y en las que más necesitamos el calor de las personas que nos rodean.

Mi cerebro y su razonamiento cesan en su actividad y aparece mi otro yo con el corazón en un puño.

Parece mentira que estés diciendo esto, precisamente nos reunimos en estas fechas porque, por ser Navidad, son fechas de amor y cariño. Decidimos cenar ahora con los compañeros del trabajo que tanto odiamos, porque es ahora cuando nos nace enterrar el hacha de guerra y dar amor. Sacamos tiempo de dónde no lo hay porque es ahora cuando queremos gastar como locos en regalos para los demás, ¡eso no nos pasa en agosto, nos pasa ahora! Ahora es cuando entendemos que queremos con locura a nuestra suegra, aunque nos mire mal; ahora es cuando nos apetece regalarle unos calcetines feos a nuestro cuñado, porque es un estirado, pero hace muy feliz a nuestra hermana. Es precisamente ahora cuando hay que brindar amor, ¡porque es Navidad! Y aunque no me apetezca salir de casa, tenga un cansancio del copón y no tenga dinero, es justo la época del año en la que más lo necesitamos. Todos. La época en la que echamos en falta a los seres queridos que ya han fallecido, la época en la que nos acordamos de la amiga con la que no hablamos desde hace años por un mal entendido, la época en la que peor lo pasan los padres que no saben cómo van a lograr comprar algún regalo a sus hijos. ¡Es la época en la que hasta el más odioso, se merece un brindis y una mirada de cariño! Si no es ahora, dime, ¿cuándo? Ahora es cuando tengo que dar todo el amor que pueda, porque yo también necesito amor de los demás. Es ahora cuando tengo la oportunidad de probar que estoy presente en la vida de mis amigos, aunque no les vea mucho. Es el momento de compartir, conversar con quien nunca lo hacemos, reflexionar sobre el valor del amor y estar en paz con nosotros mismos y nuestro rol en el mundo.

Si no estamos ahora que es cuando más lo necesitamos, dime: ¿cuándo vamos a estar?

Ok. Y entonces… ¿cual es tu queja?

5 Replies to “La Navidad y sus sentimientos encontrados”

  1. Hola, no escribo nunca en redes sociales, aunque sigo tu blog e Instagram hace un tiempo, me encanta lo que haces. Yo tengo tb sentimientos encontrados con la Navidad, pero la verdad es que prefiero ver la parte positiva, pensar en los regalos que voy a hacer a los míos, (aunque no gaste dinerales) pensar las caras que pondrán, organización de cenas y comidas , que todos lo pasen bien…esa parte hace que para mí merezca la pena. Y si tienes niños en casa, la ilusión ya es hasta el infinito y más allá. Disfruto la Navidad como una niña por que me encanta dar amor e ilusión a los míos. Yo, me quedo con eso.

    1. Spiritual Mood Spiritual Mood dice:

      ¡Muchísimas gracias por tu comentario! Así suelen ser las Navidades, hay muchas personas que lo viven como una época de soledad y tristeza, y los demás tenemos soledad, tristeza, alegría e ilusión ¡todo mezclado!
      Me alegra mucho que la Navidad para ti merezca la pena, es realmente bonito ver como el amor sigue inundando casas y corazones.
      ¡Un abrazo muy fuerte! ¡Y feliz Navidad!
      Ale

  2. A mí las fiestas me gustan y disgustan a partes iguales. Reconozco que este año estoy especialmente antisocial, necesito más horas de soledad, más horas de lectura, más yo misma…
    En cambio, me encanta ver las calles iluminadas y me encanta también como las tiendas sacan todos sus recursos y creatividad para que todo esté más bonito. Ya no suelo ir a tantas cenas y encuentros, primero por cuestión de economía y segundo porque no tengo tanta necesidad.
    Me quedo embobada viendo la cara de ilusión de los más pequeños recibiendo sus regalos o creyendo en la mágia, y sigo saliendo a la calle para ver llegar a los Reyes Magos.
    Lo dicho, me gustan y me disgustan.
    Por cierto…me has hecho preguntarme por qué los países donde hace más frio tienen una economía más avanzada y estable. Gracias de nuevo Alejandra.

    1. Spiritual Mood Spiritual Mood dice:

      ¡Hola! Esa pregunta es muy interesante, yo vengo pensando en ella desde hace algunos años (cada vez que sale un tema relacionado) y tengo una buena teoría al respecto, ¡me encantaría conocer tu opinión! (cuando tengas una, claro)
      Sí, así suelen ser las fechas: contradictorias. El invierno es época de reflexión, de recogimiento, de soledad y reserva de energía (no lo digo yo, es naturaleza); sin embargo, nosotros hemos decidido que sea época de salir, estar con gente, zambullirse en centros comerciales, etc, lo cual resulta totalmente contradictorio a lo que nuestro cuerpo físico y espiritual nos pide en este momento. ¿Consecuencias? Pues que una parte de nosotros quiere aislarse y estar consigo mismo, y la otra parte disfruta de las compras, las comidas en familia, las luces y todos esos detalles que componen la Navidad. Si hubiesemos decidio socialmente que la Navidad se celebra en soledad y que esa soledad trae alegría e ilusión, ¡no habría contradicción alguna! Pero ahí vamos, disfrutando de lo social y lo antisocial siempre que tenemos la oportinidad de hacer una u otra cosa.
      ¡Un abrazo fuerte!

  3. En Argentina estamos en verano,calor, humedad y mosquitos, nada que no pueda soportarse demasiado… Pero este año la navidad me encuentra queriendo realizar un cambio y cuestionando todo a mi alrededor, intentando que sea con amor. Lindos son los encuentros pero a quienes quiero en mi vida los veo durante el año también. Los regalos no me apetecen, sólo hago regalos cuando mi corazón dice “mira que bello presente para tal o cual”. A pesar de todo esto la Navidad es luz, una chispa en la oscuridad y en el año jodido que hemos pasado en Argentina. Paz, salud y amor para el 2018.

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