La caja de la nada

Share on FacebookPin on PinterestTweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone

Sí, me sé la teoría: sonríe, empodérate y sigue adelante; pero esta vez no puedo llevarlo a la práctica, simple y llanamente porque no quiero. Mi amada profesora de yoga, sabia y fuerte como ella sola, Sol de mi vida, me ha repetido mucho últimamente que el invierno es una época de reflexión y debía aceptar esos días de tristeza o pesadumbre que estaba teniendo.

Como sabes, yo siempre me permito estar triste si tengo que estarlo, pero estas dos últimas semanas no han sido de tristeza, ha sido algo distinto. No sé si ha sido precisamente por no entenderme o porque me he prestado más atención de lo habitual, pero he reflexionado mucho y a lo grande, y es lo que hoy quisiera compartir, a ver si entre todas ponemos un poquito de orden a mi locura.

Quizás te hayas preguntado en alguna ocasión por qué me dirijo directamente a las mujeres, algunas personas hasta me han dicho que pierdo público por dirigirme sólo a ellas. Pues bien, puede que lo hayas leído en algún otro lugar, yo tengo dos motivos fundamentales para dirigirme sólo a mujeres: en primer lugar, comencé haciéndolo así porque las mujeres necesitamos apoyarnos las unas a las otras, necesitamos ejemplo, necesitamos saber que hay otras mujeres pasando por lo mismo que nosotras y, sobre todo, necesitamos aprender a entendernos; por otro lado y probablemente por el hecho de hablar en femenino, el 90% de las personas que me leen habitualmente son mujeres, así que creo que no hay más vueltas que dar.

Metámonos de lleno en mis pensamientos, a ver qué podemos sacar.

La caja de la nada.

Una de las cosas en las que más me he detenido en estas fechas de reflexión ha sido en entender el funcionamiento de la caja de la nada, encontrar lógica a su existencia, creer en ella y, finalmente, encontrar la mejor vía para tener yo también mi propia caja de la nada.

Aquí van dos situaciones distintas de dos mujeres distintas que pueden necesitar, como yo, una caja de la nada, mira a ver si podrías ser una de ellas o te encuentras en una situación muy similar.

Supuesto núm. 1: tu mente no para.

Laura, así se llama nuestro primer supuesto, es una mujer de 34 años, tiene una pareja estable con la que vive y está buscando un bebé. Laura tiene un trabajo de oficina, va a pilates y procura mantener su casa lo más limpia y recogida posible (su pareja le echa una mano en esto último, por supuesto).

Laura se levanta por la mañana y mientras prepara su desayuno está pensando en las cosas que debe comprar en el súper al salir del trabajo, se ducha mientras elije mentalmente la ropa que se va a poner y sale a trabajar. De camino al trabajo lee noticias, busca información sobre la posible malignidad de manchas en la piel y lee un artículo sobre la necesidad de tener unos stilettos nude de fondo de armario.

Trabaja sus 8 horas, en las cuales no ha dejado ni un momento de memorizar la lista de la compra y las tareas que tendrá en la noche. Sale del trabajo y comienza a tener pensamientos negativos porque piensa que su relación ya no es lo que era, hace la compra dándole vueltas a su situación amorosa, se acuerda de que no ha visto a sus padres en el último mes y recuerda que tiene que pedir cita en el veterinario para vacunar al gato.

De camino a casa le llaman del trabajo para preguntarle si ha terminado el primer informe que le habían pedido, porque no lo encuentran. Laura se sorprende muchísimo al darse cuenta de que lo había dejado a medias por una llamada importante y al colgar el teléfono no retomó la redacción del informe. Simplemente se puso con otra cosa. Pide perdón y promete terminarlo mañana.

Al llegar a casa da gracias a Dios de no tener pilates hoy, porque tiene muchísimas cosas que hacer y mientras piensa en si debería dejar esas clases o no, se pone a ordenar la compra. Comprueba que se le ha olvidado el café y los huevos.

Cuando llega su pareja se ponen a hablar de cómo ha ido el día, pero Laura tiene la cabeza en otro lugar porque no entiende cómo pudo no terminar el informe y no coger huevos.

Puede que mantenga relaciones sexuales con su pareja más tarde o que vean una película, pero en cualquier caso Laura no logrará concentrarse en ninguna de las dos actividades porque ya tiene en mente el día de mañana,  además ya es tarde y se le ha olvidado llamar a su madre.

Supuesto núm. 2

Ioana tiene 28 años, estudió una carrera y un máster en su momento, y ahora está terminando otro máster online que ha podido compaginar con su trabajo. Ioana es nuestro segundo supuesto.

Es una chica muy activa y divertida, pero lo que más llama la atención de ella es su inteligencia, agudeza y facilidad verbal. También tiene un trabajo de 8 horas y va al gimnasio, Ioana tiene novio, pero no vive con él todavía porque quiere terminar de formarse para centrarse en su trabajo y conseguir una estabilidad económica.

Ioana se levanta por la mañana y desayuna leyendo noticias en periódicos digitales. Se ducha y sale a trabajar, en el coche escucha un programa sobre economía nacional o Vaughan, porque le permite mejorar su inglés sin darse cuenta. Trabaja, lee algunos documentos sobre su máster en los descansos y se despeja buscando nuevos cursos o certificaciones que poder sacarse. Ioana está muy preocupada por su formación y emplea todo su día en dar lo mejor de sí misma.

Al llegar a su casa continúa estudiando, hace algunas tareas del hogar y se va a su habituación a ver algún documental o programa sobre su profesión, si no lo encuentra apaga el portátil y se pone a leer. No le gusta perder el tiempo y está muy preocupada con hacer cosas útiles que puedan alimentar su intelecto.

Bien.

Si te identificas con Laura o con Ioana, o te encuentras en una situación parecida a ellas, necesitas una caja de la nada.

Es un saber popular el hecho de que los hombres tienen caja de la nada y las mujeres no, ellos tienen una capacidad asombrosa y envidiable para desconectar, centrarse en lo que están haciendo o para no hacer nada. ¿Tú puedes hacer nada? Yo no.

En ocasiones pensamos que un hombre no escucha o que es medio bobo por no prestarle atención a la secuencia de canales que repite una y otra vez en busca de un programa para ver. Para que estemos claros de todo, ellos no están buscando nada, están pasando canales de forma automática mientras habitan dentro de sí en su caja de la nada.

Nos podrá dar más o menos envidia, pero la realidad es que tener una caja de la nada es muy necesario y hasta saludable de algún modo. Pensemos en nuestras amigas Laura y Ioana, si tuvieran caja de la nada podrían meterse ahí de vez en cuando, una vez al día quizás, y no atender a absolutamente nada que no sea a la nada. Espero que estés comprendiendo el concepto de nada, nada es nada; a mi particularmente me cuesta verlo, pero es así.

Ahora mismo estarás diciendo “sí, Ale, esto está muy bien, pero yo no tengo caja de esa, no sé dónde comprar una y además no tengo dónde ponerla”, ¡no te preocupes! Nosotras nacemos con una caja como esa, pero la llenamos de basura a lo largo de la vida. Como buscar esa caja y vaciarla va a ser muy complicado, te invito a que te fabriques una caja nueva y hagas de ella tu caja de la nada.

Probemos con la siguiente meditación:

Siéntate lo más erguida posible y haz tres o cuatro respiraciones profundas, no importa si la primera es más profunda que las demás. Trata de llevar tu atención a tu frente, imagina como sería una representación de tus conexiones neuronales en este momento. Imagina naves diminutas que viajan por tu cabeza: ¿van despacio o lento? ¿Tienen luces? ¿Circulan de manera ordenada o caótica? No importa cómo esté tu mente en este momento, únicamente date cuenta de ello.

Con los ojos cerrados imagina que se presenta una caja vacía delante de ti, fíjate en su tamaño, su forma, profundidad, altitud, ¿tiene tapa? Imagina que la estás manipulando mientras observas estas características ¿pesa? ¿De qué color es?

Fíjate bien en como es, como tratando de memorizar su aspecto. Esta va a ser tu caja de la nada y se va a quedar dentro de ti para cuando la necesites o quieras hacer uso de ella. Ahora puedes abrir los ojos con tranquilidad y sin prisa, sin temor a perder tu caja de la nada, ahora tú tambien tienes una caja dónde no hay nada y es tuya. Úsala cuando lo necesites.

Ahora que ya tienes una caja de la nada, te preguntarás cómo vas a saber cuándo la tienes que usar, cuándo puedes usarlas o cómo se hace, a mí me pasó eso cuando decidí crearme mi caja de la nada, me quede callada y pensé: “vale, ¿y ahora qué?”. No te preocupes, sólo tenemos que fijarnos en nuestros compañeros del género masculino para saber qué tenemos que hacer y cómo hacerlo.

¿Cómo usar mi caja de la nada?

Es tu caja de la nada, tu decides cómo usarla y cuando hacerlo, pero aquí van algunas ideas.

Quizás te apetezca o te venga bien usarla, por ejemplo, cuando:

  • Llegas a casa después de un día larguísimo y te niegas a seguir siendo una persona de provecho.
  • Te das cuenta de que te has quedado sola y, aunque leer estaría muy bien, no te apetece hacer absolutamente nada.
  • Tienes sueño, pero no te puedes dormir por alguna preocupación, ansiedad o, sencillamente, porque no.

En esos momentos en los que podrías ponerte a darle mil vueltas a la cabeza, pero no te apetece, es cuando puedes hacer uso de tu nueva caja de la nada, ¡sólo necesitas recordar que la tienes!

Parece tonto pero te aseguro que es muy complicado acordarse de la caja de la nada cuando nunca has tenido una y crees que no la necesitas. Probablemente cuando hagas uso de ella un par de veces, te enamorarás de cómo funciona y los efectos que tiene, y siempre que la necesites recurras a ella de inmediato; pero lamentablemente eso las primeras veces no pasa. Así que trata de ser consciente de tu caja de la nada, cuéntaselo a una amiga a tu padre, haz un dibujo de ella, ¡lo que sea! Tú sólo ocupate de tenerla presente.

Como es tu caja de la nada, tú puedes usarla como tu quieras, una vez que te has acordado de que la tienes y que quieres echar mano de ella, simplemente déjate llevar y actúa como te nazca. Puedes hacer, entre otras cosas:

  • Mirar dentro.
  • Observarla por fuera (ya sabes que está vacía así que no pienses en si tiene algo dentro o en qué le meterías).
  • Meterte en ella y mirar hacia arriba.
  • Imaginate sosteniendola sin hacer nada más que existir.

Si le cuentas todo esto a un hombre es muy probable que se ría muchísimo y diga que todo esto no es necesario, que la caja de la nada no es una caja en sí misma y que si estamos imaginando una caja ya estamos visualizando algo (y eso no es la nada). No te dejes convencer, si tu estado natural es el caos, ¡tener una caja vacía es un gran paso!

En conclusión.

Espero que te haya gustado este tema tanto como a mí, hace relativamente poco que, conversando con unas amigas salió el mito de la caja de la nada y, posteriormente, hablándolo con mi marido me surgió la necesidad imperiosa de acercarme al concepto y tratar de ponerlo en practica de la mejor manera posible.

Al no poder dormir, una de estas noches, me vino a la cabeza la caja de la nada y no se me ocurrió mejor forma de razonar que imaginándome una caja blanca, cuadrada y de Ikea. Así es como flotaba por mi mente mientras recordaba las conversaciones y trataba de entender qué era y porqué yo no tenía una. Unos minutos más tarde nombré oficialmente a esa caja como mi caja de la nada y aquí la tengo, al lado de los pensamientos que me están llevando a escribir todo esto.

Recuerda que hemos empezado pensando en Laura y Ioana, ellas tienen problemas distintos a los tuyos y a los mios, pero así como tú y como yo, lo único que quieren es estabilidad, felicidad y tranquilidad. Laura y Ioana no son unos ejemplos reales, pero sí muy realistas, trata de identificarte o de crearte un perfil similar al tuyo, de ese modo podrás entender dónde están tus fallos, cuándo podrías estar no haciendo nada o por qué no te estás dejando ver Telecinco.

Por último, agradecerte tu tiempo y tu paciencia, esta vez me he extendido más de lo normal. No olvides dejar tus comentarios o escribirme cualquier duda o pregunta que te haya podido surgir. ¡Y ayudame a difundir el posr! ¡Compartelo en tus redes sociales!

Share on FacebookPin on PinterestTweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone

One Reply to “La caja de la nada”

  1. No sabia ni que existía esto de la caja de la nada. Creo que es maravilloso que ofrezcas herramientas para que podemos encontrarnos a nosotras mismas, dedicarnos un tiempo en simplemente amarnos y estar con nosotras sin pensar en nada… Es como evadirte a una realidad única y propia, así lo siento yo, aunque yo lo que hago es irme en medio de la montaña o playa, solo y relajarme para mi es mi caja de la nada.

    Gracias, porque si estoy de acuerdo contigo en que saber que uno no es rara y que hay mas mujeres que pasan lo mismo, es de agradecer

Deja un comentario