Iniciación al Yoga. Parte I.

Introducción.

Aunque el yoga tiene un significado muy específico, bien acotado y con objetivos claros, para mí supone algo así como una forma de ser, una actitud que se tiene ante la vida y sus sacudidas, una forma de enfrentar la rutina y de nutrir cuerpo, mente y espíritu.

Con este súper post quiero acompañarte en tu introducción al yoga. He tratado de realizar una aproximación sencilla, pero acertada de los conceptos que trato, dejándote libre de dudas y con todos los detalles posibles para que puedas comenzar tu práctica de yoga hoy mismo.

Te ruego tomes este texto como un breve adelanto de lo que el yoga tiene preparado para ti, pues si ya es difícil aunar todo lo que supone el yoga en un solo libro, ¡imagina resumir tanta sabiduría en menos de 3.000 palabras!

Por último, te invito a que te lances a la práctica sin pensarlo mucho. El hatha yoga se aprende ejecutando las asanas, no leyendo cómo se ejecutan, ¡así que al lío!

Antes de empezar, te advierto, cuando me propuse redactar un artículo sobre yoga para principiantes tuve muy claro que, aunque debía ser un contenido no muy extenso, quenía que tocar todos los puntos que considero importantes y esto podía llevarme algunas líneas de más. Cuando terminé de escribirlo, lo resumí y compacté y, aun así, el post quedó seis veces más extenso de lo recomendado para un blog como este, así que lo he divido en cuatro partes.

Anque no es mi tema principal y tampoco mi trabajo habitual, recibo mensajes todos los meses del tipo: cómo iniciarse en yoga, yoga para principiantes, cómo hacer yoga en casa, etc. Y, muy a mi estilo y desde mi punto de vista, intentaré resolver esas cuestiones en las próximas semanas (sí, publicaré las cuatro partes en cuatro semanas consecutivas para no aburrir al personal).

Y, por último, tienes alguna pregunta, no dudes en dejarla en tus comentarios, no solo en relación a esta propuesta de iniciación, sino también sobre cómo incluir el yoga en tu estilo de vida o cómo acoger hábitos y costumbres espirituales, recuerda que utilizo el yoga, la meditación y la espiritualidad como herramientas fundamentales en mis sesiones de coaching, ¡estoy a tu disposición!

¿Qué es el yoga?

Yoga, como palabra, viene de la raíz sánscrita yug, que significa unión. Esta unión puede ser entendida entre la persona y el Todo o de la propia persona consigo misma.

Desde el punto de vista de unión del ser consigo mismo, nos encontramos que las diversas prácticas y técnicas que el yoga propone crean un camino de autoconocimiento estable, aunque no fácil, y propician en el practicante una actitud de introspección que favorece esa unión que significa la palabra yoga.

En cuanto a la unión de la persona con el Todo, esto es quizás algo más complicado de entender, pero se define como la actualización del estado de Unión que nuestra energía tiene con el Universo. Se define por Swami Digambarananda Saraswati como «la experiencia de integración del individuo con todo el universo circundante en la que prevalece el sentimiento de ser una misma y única cosa».

¡Pero esto no es lo que en occidente entendemos por yoga! El significado más conocido en esta parte del mundo es el conjunto de técnicas que se llevan a cabo para lograr esa vuelta a la unión primaria.

Conviene aclarar que el yoga no es una religión, ni una institución, ni una línea de pensamiento, aunque a mí me gusta llamarlo filosofía; sino que se configura como un camino de desarrollo y crecimiento personal y espiritual.

Yoga físico y yoga mental.

Aunque hay varias sendas del yoga, nos vamos a centrar aquí en solo dos de ellas, el hatha y el raja, que denominamos más comúnmente: el yoga físico y el yoga mental, respectivamente.

Hatha yoga.

El hatha yoga se originó en las escuelas tántricas y es conocido como yoga físico por componerse de técnicas psico-fisiológicas, de las cuales las más conocidas son las asanas o posturas.

El objetivo del hatha yoga es equilibrar la energía vital y la energía mental para alcanzar el despertar de la energía espiritual. Volvamos a la unión que supone el yoga, con el yoga físico se busca aunar en una misma acción la fuerza física con la intención mental y solo en ese silencio que da lugar la actividad, se puede encontrar el individuo consigo mismo o con el Todo.

Aunque a menudo es tratado como una simple sesión de stretching, ¡no hay nada más alejado de la realidad! Las técnicas físicas buscan otorgar al cuerpo de flexibilidad, fortaleza y resistencia para que pueda servir de vehículo, no para que tenga un aspecto bonito.

Raja Yoga.

El raja yoga tiene como fin último controlar la energía vital, lo que en yoga se llama prana.

Este tipo de yoga se conoce en occidente como yoga mental por suponer un entrenamiento para el autoconocimiento de la mente, su funcionamiento y sus esquemas. Se busca observar los distintos estados de consciencia y aprender que los sentidos del ser humano pueden ser utilizados para mirar dentro de sí mismos, alejándonos del uso cotidiano que hacemos de ellos.

Gestionar la mente y ejercer algún tipo de control sobre ella es más difícil que hacerlo con nuestro cuerpo y es por ello que se aconseja iniciarse en el yoga con las prácticas físicas, incorporando poco a poco más concentración y meditaciones más largas.

¿Por qué el yoga llena vacíos?

Nos encontramos en una civilización que ha perdido por completo la conexión con su espíritu, sus ancestros, sus creencias y, como todos sabemos, sus principios y valores. La pérdida de esta conexión nos genera vacíos que no sabemos cómo cubrir y nos dedicamos constantemente a preocuparnos por cómo ganar más dinero para poder tener más cosas pensando que estas cosas son las que se encargarán de saciar nuestra sed.

Estos vacíos, y la sed que generan, no se calman con tener, se calman con simplemente ser y precisamente lo que nos impide encontrar esa diferencia y aprender a simplemente ser es esa pérdida de conexión.

Así nos encontramos en un círculo sin fin donde los vacíos alimentan la confusión y la falta de conexión, siendo la propia falta de conexión la que genera nuevos vacíos.

Encuentro en el yoga cuatro aspectos fundamentales para localizar y nutrir esos vacíos casi sin darnos cuenta, y son: el autoconocimiento, la humildad, la disciplina y la gratitud. Veamos cómo nos ayudan cada uno de ellos.

Autoconocimiento: la práctica de yoga supone un ejercicio diario de autoconocimiento, de escucha al cuerpo y a la mente. Aprendemos a reconocer nuestros límites, sensaciones y emociones, y aprendemos qué supone para nosotros experimentar todo esto. La práctica de yoga físico, al menos dos veces por semana, y las meditaciones diarias, supone un entrenamiento perfecto en autoobservación, una tarea que no se nos enseña en el colegio y que resulta imprescindible para el desarrollo personal, profesional y espiritual de una persona.

Humildad: tanto la meditación como la ejecución de asanas nos obligan a buscar dentro de nosotros una buena fuente de humildad porque el error, fallo o defecto están asegurados. Cada vez que nuestra mente se dispersa y debemos traerla de nuevo a la atención, estamos cosechando humildad. Cada vez que abandonamos una postura porque aparece dolor o cansancio, cosechamos también humildad y, en definitiva, cada vez que comprendemos que no tenemos que hacer nada, no podemos ser perfectos y que seremos eternos aprendices, cosechamos humildad.

Disciplina: aunque la disciplina a veces tarda en llegar más de la cuenta, suele llegar siempre y además llega en los aspectos del yoga que más nos gustan, los que mejores beneficios tienen para nosotros o cuya práctica nos genera una sensación inmediata de bienestar. Lo bueno de la disciplina es que, aunque desarrollemos muy poca, lo notamos mucho y se retroalimenta, es decir, cuánta más disciplina tenemos, más nos nace tener. Y, aunque la disciplina no es lo mío, dicen las escrituras que el yoga es para todos, joven, anciano, sano o enfermo, menos para el vago o perezoso.

Gratitud: cada práctica de yoga evoca gratitud hacia nuestro desempeño. La gratitud se extiende día tras día gracias a la consciencia que desarrollamos sobre todas las cosas, hacernos conscientes de todo cuanto nos rodea nos ayuda a valorarlo y, a su vez, valorarlo nos lleva inevitablemente a sentirnos agradecidos por ello.

Estos cuatro aspectos que suponen la práctica de yoga son una vía directa al equilibrio y la paz interior necesaria para llegar a comprender que los vacíos no se llenan con cosas, no se llenan con más bolsos o zapatos, un mejor coche o el último Smartphone. Y solo cuando comprendemos esto, nuestros vacios comienzan a llenarse por sí solos.

En el próximo post…

Te contaré cómo iniciarse en Yoga, cómo conocí este maravilloso camino y cómo elegir una escuela; pero mientras tanto puedo recomendarte que le eches un ojo al post «Yoga más allá de los asanas».

Puedes ver la segunda parte –> aquí.

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