El yoga olvidado: El Yoga de Jesús

Imagina por un momento que todo lo que crees saber del yoga y la meditación no es verdad; que la imagen que occidente ha creado del yoga solo es una adaptación a nuestros gustos y que, en ningún caso, respeta la forma y el objetivo originario.

Solo imagínalo y no hagas nada con ello.

Mi acercamiento al yoga.

Hace cuatro años aproximadamente que tuve mi primer acercamiento al yoga. Llamé por teléfono a la escuela y pregunté qué tipo de yoga se enseñaba allí, «hatha clásico» me dijeron. Como yo solo conocía del yoga lo que Instagram me había enseñado quise asegurarme de que esa escuela me ayudaría en el objetivo que yo tenía, así que pregunté: «vale, pero ¿avanzaré en la ejecución de headstands y conseguiré una forma física que me permita hacer el pino con comodidad o no?»

«Bueno, el objetivo del yoga no es que aprendamos hacer el pino, así que si lo que buscas es únicamente eso, te aconsejo que busques mejor algo relacionado con la gimnasia deportiva. No obstante, en cualquier caso te invito a venir unas semanas, y luego podrás decidir si te quedas.» Esa fue la respuesta de la profesora, más o menos.

Mi razonamiento en ese momento fue algo así como, será que es hippy y no le ha gustado mucho que mezcle el concepto de yoga con el entrenamiento físico para hacer el pino, no obstante, Kino McGreggor hace yoga y hace el pino, así que iré igualmente.

Y así fue como pisé mi primera escuela de yoga y como empezó uno de mis caminos de encuentro con Dios.

Durante un tiempo no llegué a comprender muy bien por qué el yoga se veía de una forma y se sentía de otra tan distinta. Seguí acudiendo regularmente a clase y mi interés por las asanas fue inversamente proporcional a mi avance en ellas, es decir, cuanto mejor ejecutaba una postura, más podía aguantar en ella o más flexible me hacía, menos interés tenía por toda esa evolución.

Encontrar a tu maestro.

En septiembre de 2016 conocí a la que hoy en día considero mi maestra de yoga, una persona con la que el vínculo es mágico y que acababa de abrir una escuela cerca de mi casa. Su llegada a mí fue tan mágica como lo es mi relación con ella relación hoy en día.

Desde la primera clase todo empezó a colocarse en su lugar. De pronto alguien confiaba en mi experiencia y comprendía mis dudas existenciales, de pronto me sentí parte de algo, no parte de una escuela, parte de una moda o parte de un grupo de personas; me sentí parte de algo más grande, algo a lo que todavía a día de hoy no puedo ponerle nombre.

Autobiografía de un yogui llegó a mí en diciembre de 2016 y fue otra dosis de realize, página tras página me fui adentrando en la vida de un yogui y página tras página fui comprobando el nulo componente físico de la filosofía del yoga. Yogananda no dice nada al respecto, o yo no lo recuerdo, pero a mitad del libro me detuve y pensé ¿dónde queda aquello de la práctica de asanas? ¿Por qué no habla de ello? ¿Por qué ninguna de sus conversaciones trata sobre el tema? Y ahí lo dejé.

El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao.

Me divorcio del yoga.

Eso que empezó a encajar el septiembre de 2016 todavía sigue ensamblándose hoy día. Cada día que pasa me siento más parte de algo que no puedo explicar con palabras y cada día que pasa pierdo más mi interés por toda la parte del yoga que puede verse. He perdido el interés por las cuentas de Instagram que seguía sobre yoga, he perdido el interés por toda aquella práctica revestida de un componente eminentemente físico y, definitivamente, he perdido el interés por cualquier tipo de progreso circense y, sobre todo, por compartirlo al mundo.

Nunca llegué a hacer el pino libre y, si algún día lo logro, será porque Dios así lo provea, porque mi empeño en trabajarlo y conseguirlo es actualmente nulo.

Me resulta curioso que además de no tener interés alguno en el yoga que se conoce, tampoco tengo interés por comprender por qué me ha pasado esto, cuánto de alejada me encuentro de lo entendido por los demás o qué puntos de encuentro tengo con ellos. No obstante, si se me permite fantasear, creo que desde que tuve el primer contacto con el yoga, recordemos hace cuatro años, la sociedad ha caminado en una dirección y yo he caminado en otra diametralmente opuesta hasta el punto en que lo que veo y lo que siento no tienen absolutamente nada que ver. De ahí mi divorcio aparente con el yoga.

Aquí opina Raimundo y todo el mundo.

Por otro lado, no suelo hablar sobre el tema u ofrecer mi opinión al respecto porque las opiniones carecen por completo de sentido y a menudo me pregunto para qué querría alguien conocer qué opino yo sobre la ciencia del yoga, si esa opinión está construida con base en mi experiencia y mi percepción (personal, sesgada y cambiante).

Hay tantas personas dando su opinión sobre lo que es y no es el yoga, sobre lo que se puede y no se puede hacer, y todo es tan absolutamente falso, que no me planteaba ofrecer la mía. En primer lugar, porque será igualmente falsa para muchas personas y, en segundo lugar, porque he perdido el interés por buscar aliados, gente que esté de acuerdo conmigo o gente con la que discutir acerca de este tema. Algunas personas deciden no poner sobre la mesa temas como la política o el fútbol, y yo no hablo de política, fútbol ni yoga. ¡Y así he sobrevivido los últimos dos años!

¡Ahora bien! Comentando con mi maestra mi desencanto con todo lo que estamos haciéndole al yoga y con cómo le hemos despojado de su razón de ser, ella se limitó a decirme: «Que tú no tengas interés en compartir tu opinión no quiere decir que no pueda haber alguien a quién sí le interese conocerla. Tú tienes voz en un medio distinto, tu visión podría serle útil a alguien». Y me compró, claro está.

En cualquier caso, esta conversación tuvo lugar hace meses, antes de comenzar a leer El Yoga de Jesús, que ya se encontraba en mi biblioteca. Y, aunque ya había tomado la decisión de exponer mi opinión sobre lo que le estamos haciendo al yoga, no fue hasta terminar el libro que comprendí la magnitud del error en el que estamos incurriendo.

El problema no es lo que hacemos, es lo que decimos.

No voy a entrar en mi visión del yoga o en cómo yo lo practico o qué hago, porque ésta es solo una de las mil combinaciones que podemos encontrar. Sin embargo, aprovecho que me lanzo a la opinión, para opinar acerca de eso que digo que le estamos haciendo al yoga.

En el último año me he hartado de leer opiniones acerca del yoga y el vegetarianismo, la más sorprendente de todas es esa que dice que «no hace falta ser vegetariano para practicar yoga». Sí, sí hace falta, otra cosa es que tú no lo quieras hacer.

Este tema es controvertido porque a los occidentales nos gusta mucho la práctica de yoga, pero no nos gusta todo lo que ello implica, de manera que nos quedamos con lo bonito o lo que nos beneficia a nivel físico o mental, y desechamos todo aquello que no nos encaja, como el dejar de comer carne.

¿Quiere decir eso que un omnívoro no puede practicar yoga? Sí, sí puede. Así como un católico puede envidiar, deshonrar a sus padres, matar o acostarse con la mujer del vecino; ¿puede hacerlo? Sí. ¿Un católico divulgaría que se puede hacer? No. Pues lo mismo con el yoga.

No debemos comer carne, ni pescado, ni huevos; en general el motivo es que se trata de alimentos que se pudren, no fermentan, y, en particular, es que buscamos librarnos de carga kármica negativa.

Tampoco debemos tomar café ni té, pues son excitantes. ¿Se puede tomar café y té si se practica yoga? Sí, así como ocurre con la carne, cada uno puede hacer lo que le venga en gana. ¿Podemos lanzar el mensaje de «no hace falta dejar de tomar café»? Por poder… De nuevo, podemos hacer lo que queramos, pero convendría cambiar el mensaje y decir algo como «en yoga no se recomienda tomar excitantes por este y este motivo, yo lo hago, pero no se debe».

Tampoco debemos fumar o desperdiciar la energía en practicar sexo. ¿Se puede practicar yoga si tienes sexo habitualmente? Sí. ¿Es eso lo que recomiendan? No. ¿Se es menos yogui por practicar sexo, comer carne o tomar café? Pues no sé si la expresión correcta es «ser menos yogui», lo que está claro es que lo que estás trabajando por un lado, lo estás perdiendo por otro. Ni más ni menos.

Otra que me encanta «se puede practicar yoga perfectamente con leggings o ropa colorida». De nuevo, tú puedes hacer lo que te dé la gana. Te puedes poner la ropa que te siente mejor, de la marca que más te pague o buscar el aspecto que más alumnas traiga a tu escuela (si eres profesora), pero no es lo recomendado, de manera que pasarnos por el forro siglos de pautas de maestro a discípulo y decir alegremente que no hace falta pues quizás no es lo más justo con la filosofía que dices que practicas.

Se recomienda practicar con ropa amplia de algodón blanco, con pantalón largo generalmente, porque facilita el movimiento de la energía, calma el ambiente interno y externo del practicante, y porque recoge el sudor. Algunas escuelas prefieren utilizar pantalón corto para que el profesor pueda observar mejor la postura del alumno, pero seguirá siendo de color neutro y algodón.

Como ves, mi opinión acerca de lo que se le está haciendo al yoga, trata más de lo que está comunicando que de lo que realmente hace cada uno en su casa. Parece lógico pensar que esto último no importa, ¿por qué habría de meterme yo en casa ajena a juzgar sus costumbres? Lo que me entristece no es que no se sigan las recomendaciones tradicionales o que nos pasemos por el forro los Yamas y Niyamas (si no sabes lo que es, es como los Diez Mandamientos), lo que me entristece es que se lance el mensaje de que no hay que seguir esas recomendaciones y que no pasa nada si no las seguimos.

Sí, sí pasa. Pasa que obstaculizamos nuestro camino hacia el verdadero objetivo del yoga, la unión con Dios; no tener el abdomen plano, no tener los brazos definidos, no tener las piernas fuertes y, si mi apuras, ni reducir el estrés, ni aliviar las contracturas que nos provoca la silla de la oficina, el objetivo verdadero del yoga es encontrarse con Dios.

El respeto a los Yamas y Niyamas, entre los que se encuentra el famoso ahimsa, tiene como objetivo la disciplina del practicante, la limpieza de carga kármica y la pureza de cuerpo y mente.

La práctica regular de asanas tiene como objetivo mantener al cuerpo fuerte para poder aguantar sentadas (de meditación) largas, para que el practicante llegue en algún momento al estado meditativo en el que se funda con el Todo.

Si alguna vez te has preguntado qué objetivo tiene la ciencia del yoga, es este, devolver a la energía individual la capacidad de fundirse con la energía cósmica.

¿Se puede practicar yoga sin creer en Dios o sin buscar el encuentro? Sí, tú puedes llamar a tu gimnasia como quieras.

El Yoga de Jesús.

Y bien, si has llegado hasta aquí y no has salido corriendo, puedo recomendarte El Yoga de Jesús, de Paramahansa Yogananda, un libro corto e interesante, especialmente para aquellas personas que ya han experimentado la increíble espiritualidad que reviste al yoga. En él Yogananda da un repaso a las enseñanzas de Jesús, sí, el Jesús de toda la vida, Jesucristo, y las explica desde el punto de vista del yoga.

Según sostiene, Jesús salió de su pueblo entre la edad aproximada de los 14 años a los 28 y estuvo aprendiendo la ciencia del yoga en la cuna del yoga. Cuando regresa a Jerusalén y comparte sus enseñanzas, comparte las enseñanzas recibidas del yoga y las que él mismo ha experimentado, como yogui en unión con Dios.

Con su lectura entenderás qué quieren decir con que el reino de Dios está dentro de nosotros o qué significa realmente creer en el nombre de Dios, o el verdadero significado de «la palabra de Dios».

Si has llegado hasta aquí, pero estás horrorizada, quizás no sea buen momento para esta lectura o quizás la lectura te abra a una nueva realidad con la que te identifiques plenamente.

Hazte preguntas.

Recuerda siempre que esto que has leído es una opinión, tan carente de valor y tan etérea como cualquier otra; no te dejes comprar por ella sin cuestionarla y, sobre todo, si te ha removido algo esta lectura, no dejes de hacerte preguntas. Todo el conocimiento que necesitas encontrar ya está dentro de ti, solo tienes que apartar los velos y descubrirlo.

Nunca intentaré ser más papista que el Papa, ni cuestionar o criticar las prácticas y costumbres personales. Si te has tomado algo personal, te ruego reinterpretes todo lo leído; mi intención no es hacer valer mi opinión por encima de la tuya, solo ofrecer unas gafas distintas para quién quiera utilizarlas.

«Es un pecado contra la naturaleza divina del alma pensar que no existe la posibilidad de ser feliz, y abandonar toda esperanza de hallar la paz; hay que desenmascarar estos pensamientos, considerándolos como errores psicológicos que se originan cuando Satanás interfiere en la mente humana. La felicidad y la paz infinitas está siempre al alcance de la mano, justo detrás de la cortina de ignorancia del hombre. ¿Cómo sería posible que le fuera vedado por siempre a un ser humano el acceso al reino de Dios, si ese divino reino se halla precisamente dentro de él? Lo único que debe hacer es darle la espalda a la oscuridad del mal y seguir la luz de la bondad.»

El Yoga de Jesús, por Paramahansa Yogananda

 

One Reply to “El yoga olvidado: El Yoga de Jesús”

  1. Gracias Ale, a mi me encanta leer opiniones de otros, creo que enriquecen, tambien cuando sientan bases de lo que no conozco.
    Creo que en Internet hay mucho charlatan que ha visto un negocio claro y quien sabiendo de su tema se presenta como un dictador o taliban de posturas o ideas.
    Nunca me ha gustado que me digan lo que tengo que hacer porque yo no lo hago con los demas, y me gusta descubrir por mi misma lo que me funciona y mejora mi vida y mi espiritualidad y eso trato de hacer.
    hace poco me oia diciendo “me encantaria engancharme al yoga porque la gente habla maravillas..”pero visto con otros ojos entiendo porque no me enacnata y es que no estoy dispuesta a renunciar al modo occidental de vida que no es compatible con el yoga.
    Gracias!!!Sigue regalandonos tu opnion porfa

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