Ahimsa: yoga en la alimentación.

¿Qué es ahimsa?

Se trata de un concepto filosófico basado en la no violencia y el respeto por la vida, entendiendo por vida todos los seres capaces de sentir; de hecho, literalmente ahimsa significa no violencia, pues es lo contrario de himsa, violencia (términos sánscritos).

Encontramos referencias a ahimsa en religiones como el hinduismo y el budismo, entre otras, y su objetivo es evitar la acumulación de karma negativo o dañino (me pregunto yo aquí cuánto de bondadoso es ahimsa si se practica sólo para que la vida no nos devuelva ningún tipo de mal hecho con anterioridad). Además, pese a ser un concepto filosófico basado en la paz y el respeto, no está exento de polémica sobre su significado, la forma de ponerlo en práctica y qué ámbitos de la vida engloba o no.

Por ejemplo, una de las ideas que conlleva ahimsa es el hecho de no matar ni infringir daño alguno a ningún ser viviente capaz de sentir, lo que conllevaría en su época una dieta vegetariana (y hoy día una dieta vegana) y, sin embargo, parecen existir evidencias de que en algunas culturas los monjes aceptaban carne de animal como ofrenda, siempre y cuando no se hubiera matado a dicho animal exclusivamente para ellos; los jainas, cultura de la que estamos hablando, niegan todo esto, por supuesto.

Otros datos.

Un referente muy importante que hay que contemplar en cuanto a ahimsa es Mahatma Gandhi, pues basó toda su existencia en la práctica y la profetización de este término. Para él ahimsa es la no violencia y la no ofensa de ningún tipo, lo cual engloba el hecho de no causar dolor físico o emocional.

Así fue como llevó por bandera las protestas pacíficas, en su línea de pensamiento él defendía que la violencia no combate absolutamente nada, sino que agrava el problema; mientras que la no violencia, la benevolencia y la misericordia pueden llevar al hombre a la solución de cualquier tipo de conflicto con cualquiera de sus enemigos, sean del tipo que sean.

Por último, dentro de esta breve introducción, debo apuntar un dato muy curioso sobre ahimsa, y es que la propia doctrina que le da nombre y lo defiende, contempla también que pueden existir una serie de límites que exoneran a la persona de su práctica obligatoria y que dependen del estatus social del individuo, sus quehaceres y sus responsabilidades para con su familia.

En este sentido las escrituras sagradas enseñan el funcionamiento de este tipo de límites relantando el dilema de un guerrero que practica ahimsa como doctrina de fe y que, estando en combate, prefiere morir que matar. Se relata cómo un desconocido que observa la encrucijada moral en la que el guerrero se encuentra, le explica que su estatus social le exonera de tener que ser fiel a ahimsa en ese sentido, pues estaría faltando a sus deberes como guerrero. También se contemplan otros ejemplos como el del agricultor al que se le exonera de llevar a raja tabla ahimsa porque debe matar insectos y roedores para salvar su cosecha, por tratarse de su trabajo y su responsabilidad con su familia.

Ahimsa y la alimentación.

La moda que estamos viviendo en occidente y que nos lleva a la práctica de yoga, meditación, pilates, taichi y otras artes de relajación (debido, muy probablemente, al nivel de estrés al que nos somete nuestro día a día), ha venido acompañada de términos sánscritos cuyo significado no siempre transciende, pero que en esta ocasión su parece estar cogiendo fuerza.

Pese a que, como hemos dicho, ahimsa trata de la ausencia de dañar, odiar, hacer el mal o matar a cualquier ser viviente y en cualquier sentido, ha cobrado aquí una mayor relevancia en cuanto a la alimentación y la protesta por el maltrato infringido a los animales que son utilizados de alimento, dejando de lado su vertiente interhumana.

Sin embargo, antes de continuar con la alimentación, vamos a referirnos brevemente a esto de no dañar, odiar o hacer el mal (suprimo matar ya que entiendo que aquí nadie mata a un igual) a otras personas; ya que vamos a hablar de ahimsa, la comida y sus beneficios, conviene detenerse también en ahimsa y nuestras relaciones interpersonales.

Practicar ahimsa como filosofía de vida conlleva respetar al prójimo de palabra y de acción, no generar odio ni sentimiento negativo por los demás pese a que sus actitudes puedan desagradarnos, molestarnos o, lo que es peor, perjudicarnos de algún modo.

Ahimsa supone tener paciencia, dejar las cosas fluir, aceptar lo que la vida nos pone delante como una realidad insalvable y, sobre todo, respetar activamente al prójimo, amar, ser gentil y transmitir las buenas vibraciones que se generan en nuestro interior debido a la práctica de ahimsa (¿a algún cristiano le suena este discurso?).

Continuamos con ahimsa y los alimentos, pese a que más adelante nos vamos a referir a la dieta vegetariana o vegana, ahimsa en los alimentos no tiene por qué ser necesariamente no comer animales (es lo ideal, pero no es lo único). Ahimsa se trata de darle a nuestro cuerpo lo que necesita, lo que nos pide y lo que nos apetece, pero siempre cuidando que esté siendo el organismo el que nos demanda ese nutriente y no nuestra mente humana, confusa e imperfecta.

Debemos tener en cuenta que el cuerpo humano es una máquina cuasiperfecta, si aprendemos a escuchar y a descifrar su lenguaje, podemos llegar a entender lo que nos pide cuando nos lo pide, y así darle fruta o pan cuando nos pide azúcar, darle lentejas si nos pide hierro o darle agua cuando tenga sed. En este sentido debemos tener en cuenta dos hechos que impiden estar alimentándonos como debemos:

  1. No hablamos el mismo lenguaje que nuestro cuerpo. No es malo no entender correctamente lo que nos ocurre, es normal; debemos tener en cuenta que la mayoría de nosotros no somos médicos ni nutricionistas y quizás no sabemos relacionar los síntomas con las carencias (de hecho, a veces ni sabemos identificar los síntomas).
  2. Nuestro cerebro no siempre quiere colaborar en esta tarea. A veces la ansiedad, el estrés, nerviosismo o, incluso, la felicidad y la alegría, nos generan sensaciones confusas que terminamos identificando de la siguiente manera: “¡Qué frustración! ¡Me apetece una palmera de chocolate!” (¿Cómo?). ¿Desde cuando la frustración da hambre? ¡Ah espera! ¡Que no es hambre! Son ganas de estar feliz y sabes que el chocolate va a poner a tu cerebro a producir felicidad (va a producir la sustancia que genera la felicidad realmente).

Nuestra comunicación con nuestro cuerpo es tan deficiente que la mayoría de nosotros no sabemos identificar qué debemos incluir en nuestra dieta y qué debemos sacar de ella, pero bueno ahí vamos, mal que bien nos mantenemos sanos y vigorosos. Pues bien. Ahimsa va mucho más allá de mantenerse sano, ahimsa busca un bienestar espiritual por encima de todo. Continuemos.

¿Es necesario llevar una dieta vegetariana?

Sí y no. Como hemos visto, los monjes que estudiaron y difundieron este término (voy a dejar de repetir la palabra ahimsa porque creo que la he escrito como 1.000 veces) recalcaban la necesidad de no infringir daño o muerte a ningún ser vivo y, por tanto, ser vegetariano era algo básico y esencial: si eras muy bueno, pero comías animales, tu no violencia no iba a funcionar en lo absoluto, el karma negativo se acumularía igual y terminarías sufriendo las correspondientes desgracias.

En aquella época se permitía comer productos lácteos, entiendo que el trato que se le daba a las vacas, cabras y ovejas era muy diferente al que se les da hoy en día, y por eso actualmente esa no violencia se extiende hasta el veganismo. Teóricamente no se debe comer ningún producto animal, porque ese animal, necesariamente, ha sufrido para producirlo.

Sin embargo, como expuse al principio, existen evidencias de que en algunas culturas se aceptaba carne como ofrenda si el animal no había sido matado para esa ofrenda… A mí personalmente me suena un poco raro, por ejemplo, yo soy vegetariana, ¿alguien entendería que dijera algo así como: “He hecho cocido madrileño para mi marido, pero como ya está hecho, pues yo también como”? (¿Ein?) Es decir, ¿tú promueves la no violencia con el fin de no acumular karma dañino, me hablas del sufrimiento animal que ingerimos con su carne y, acto seguido, te comes una pata de jamón porque no han matado al cerdo para ti? A mi me suena a corrupción (me río yo sola filosofando, ¡qué cómico!).

Pero retomemos el sí y no del principio de este punto.

Las personas que llevamos una dieta vegetariana defendemos que es básico cuando se trata de practicar la no violencia, porque desde un punto de vista sutil y energético entendemos que la ingestión de carne animal provoca en las personas emociones turbulentas, irá, rencor, celos y otras conductas pasionales, debido a la transmisión energética del temor, dolor, miedo y violencia sufrida por el animal en cuestión (los vegetarianos espirituales creemos eso, los no tan espirituales simplemente no quieren beneficiarse del sufrimiento de nadie, sus compañeros de Tierra no son comida y ya).

Sin embargo, desde el punto de vista sutil y energético, también podemos encontrar otras formas de practicar la no violencia con nosotros mismos y en relación a la alimentación, como puede ser practicar una alimentación consciente, preocuparnos de nuestros requerimientos, comer más saludable, etc.

Es decir, desde mi punto de vista personal, yo puedo transmitir lo que yo siento y qué motivos me llevan a mi a ser vegetariana, pero bajo ningún concepto podría sentenciar que un omnívoro no puede practicar su propia no violencia a su modo, ¿y por qué digo esto? Porque un vegetariano que fuma, practica la no violencia con los animales, pero no practica la no violencia consigo mismo, ergo, el vegetarianismo no es la clave.

¿Y cuál es la clave de ahimsa en la alimentación?

La clave es el respeto a nosotros mismos y, tomando como base ese respeto, todas las demás decisiones y actitudes que tomemos serán cada vez menos violentas y más positivas para nosotros.

Veamos una serie de reglas básicas que debemos tener en cuenta para la práctica de ahimsa y que nada tienen que ver con la alimentación vegana o vegetariana.

  • Tener cuidado para con uno mismo. Take care. Ser amable y gentil a la hora de comer, en el trato a la comida, en la preparación de los alimentos, y respetar el tiempo y el espacio de la actividad de comer.
  • Buscar el equilibrio. Buscar siempre mejorar, pero sin obsesiones; si la práctica de la no violencia va a suponer violentar tu tranquilidad, no vale.
  • Dar a tu cuerpo lo que necesita. Es muy importante conocer nuestro requerimientos nutriciones y nuestras necesidades como persona, no sólo para poder cubrir la cantidad necesario de macro y micronutrientes, sino para regalarnos aquello que emocionalmente necesitemos: un té en una tarde lluviosa, una cerveza con amigos, un jugo de frutas, etc.
  • No restringirse. Aumentar las restricciones que normalmente nos imponemos es algo muy negativo, si entendemos que debemos moderarnos en uno u otro aspecto, lo ideal es trabajar nuestros deseos y tratar de mejorar o cambiar esos gustos o apetencias. Prohibir nunca es el camino.
  • No intoxicarse. Muy relacionado con el punto siguiente, el hecho de no intoxicar nuestro cuerpo conlleva no excederse en la cantidad. Si nos apetece beber algo alcohólico, deberíamos conocer en qué momento nuestro cuerpo empieza a sufrir, por ejemplo. [Lo mismo ocurre con las cremas y los maquillajes, pero eso es otro tema.]
  • No excederse, ni quedarse corto. Implica no comer de más, pero tampoco de menos. Beber mucha agua es muy bueno, pero si te excedes de la cantidad recomendada podría tener consecuencias negativas en tu organismo (¿a qué es imposible de creer?).
  • Practicas la consciencia en la alimentación. Esto es prestarle atención a la comida cuando la comemos, procurar disfrutar de ella, ser consciente de su temperatura, sabor, olor, etc. Nunca nadie hace esto y es un aspecto básico para sobrellevar dieta y regímenes.
  • Aprender a reconocer sensaciones de hambre y saciedad. Es muy, muy, muy importante aprender a reconocer qué es hambre, qué es sed, qué es saciedad, etc. Si confundimos estas llamadas estaremos dando palos de ciego.

Ahimsa en tu día a día.

Y bueno, hasta aquí ahimsa y la alimentación, lo que se puede entender como yoga en la comida. Para terminar el artículo de esta semana quisiera hacer referencia a cómo practicar ahimsa de forma muy sencilla en nuestro día a día, a parte de implementarlo en la alimentación.

Cómo podemos entender la no violencia como fomento de la espiritualidad en nuestro interior, a continuación he recopilado siete consejos (extraídos de Pinterest) para trabajar nuestra espiritualidad y bien estar interior:

  1. Ritual matutino. Puede ser 10 o 15 minutos de yoga, una ducha rápida con mucha hidratación, un café pausado leyendo un libro, cualquier cosa que se te ocurre y que te haga sentir bien. Este punto conlleva levantarse antes, lo sé, pero es muy bueno contar con algo de tranquilidad por la mañana, quizás podamos tomar 10 minutos para proyectar qué queremos para nuestro día o qué tareas realizaremos, etc.
  2. Cuida tu piel. Normalmente no le damos importancia a este tema, pero exfoliar e hidratar la piel con regularidad facilita el intercambio de energía entre nosotros y el ambiente que nos rodea. Así mismo, es importante tener la costumbre de desmaquillarnos, dejar nuestras uñas libres de pintura de vez en cuando, utilizar cosméticos suaves y no abusar del perfume.
  3. Consciencia al comer. Ya lo hemos dicho =).
  4. Ingiere grasas y dulces buenos. Las grasas tienen un grave estigma del que debemos hablar, no es malo comer grasa, la grasa es buena para la piel, el pelo, las uñas, el corazón, etc. Nuestros órganos necesitan grasa. Sin embargo, no vale cualquier tipo de grasa, come más frutos secos, más aguacate y más aceite de oliva. Esta todo muy rico y sacia mucho. [Lo mismo ocurre con los dulces, opta por los que aporten nutritientes.]
  5. Disfruta del silencio. Esto puede resultar muy complicado, pero tu espiritualidad crecería vertiginosamente si consiguieras cada día o cada cierto tiempo un momento de relajación en silencia, sin música, sin televisión, sin gente, etc. ¡Un encuentro con nosotros mismos siempre resulta positivo!
  6. Sé agradecido. Sin más. Sé agradecido contigo, con tu familia, con amigos, con tu trabajo, con los medios de los que dispones, con tu nevera, tu sofá, tu cama, tu ropa, tus libros, ¡con todo! ¡Agradece a la vida que eres quién eres porque eres un ser único, irrepetible y maravilloso! (Aplica a todos mis lectores.)
  7. Corrige tu postura. Como ya se ha dicho por aquí, los dolores de espalda empeoran nuestra calidad de vida y debemos combatirlos. Además una postura relajada, relaja; una postura erguida, mejora nuestro amor propio; una postura correcta al trabajar, mejora nuestro rendimiento. ¡Todo son ventajas!

¡Y fin! Espero que hayas disfrutado de esta pequeña lección sobre el término sanscrito ahimsa, su origen y significado, sus posibles vertientes, mi opinión personal y los tips para poder implantarlo de manera sencilla en tu día a día, tanto en la alimentación (seas vegetariano o no) como en otros aspectos de tu vida.

Mis mejores deseos para este hermoso (y lluvioso en Madrid) día y ¡que pases un muy feliz fin de semana!

 

2 Replies to “Ahimsa: yoga en la alimentación.”

  1. Desconocía plenamente este término,me encanta leer articulos que me enriquecen en conocimiento. Es curioso como en el fondo el epicentro de todo es el karma y el equilibrio y como cuando conseguimos ser conciencientes de ello nos es más fácil realizar los cambios oportunos para lograrlos. Me ha encantado 🙂

  2. ¡Gracias a ti por dejar tu comentario! Es para mí un placer poder conocer tu opinión acerca de mis artículos. Ahimsa es, sin duda, un concepto que debemos incluir en nuestro día a día, sobre todo porque nos llena de equilibrio. ¡Feliz día!

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